El complejo Splash, una “compleja” situación por sobrevivir a estos tiempos de pandemia

Marcelo Olivos, titular hace 22 años del “Complejo Splash”, un predio del club Chacarita Juniors ubicado en Teodoro García, entre Álvarez Thomas y Giribone, en Colegiales, cuyo fuerte es una gran pileta de natación, una de las más grandes de la Ciudad.

Splash tiene 10 empleados directos, pero de todas las actividades viven más de 60 personas si se suman las decenas de profesores y escuelas de natación, danza, yoga, gimnasia acuática, buceo, rehabilitación, zumba, entre otras- que convocan allí a sus alumnos, amén de proveedores de servicios de reparación y mantenimiento de calderas y limpieza total de la pileta.

Olivos explica, “Asisten muchas instituciones que trabajan con personas con capacidades diferentes, somos una pileta inclusiva” De los más de 2.000 concurrentes semanales –precisa- cerca de 600 eran adultos mayores, el grupo de riesgo hoy en día con la pandemia del Covid-19.

Desde el 17 de marzo Splash no recibe a nadie ni sabe cuándo podrá reabrir. Olivos pudo pagar el 70% de los sueldos de marzo y está gestionando créditos para completar el mes. A diferencia de las grandes cadenas -que tienen parte de su clientela en planes anuales- los gimnasios, clubes y piletas barriales se manejan mes a mes o incluso quincena a quincena.

Para el normal funcionamiento de Splash que tiene una demanda tremenda de servicios mensuales, los cuales son:
Aysa más de $110.000, Metrogas: $ 350.000, ABL más de $ 60.000 y Edenor $ 90.000. Más el pago al personal, las cargas sociales y la cuota mensual a Chacarita. La pileta vacía reduce el grueso de esos costos enormemente, pero incluso esquivando todos los obstáculos de la tremenda crisis por la pandemia.

Obviamente el personal está preocupado por cobrar los sueldos, pero mucho más teme quedar sin trabajo, ocupado a full en gestiones crediticias. Los gimnasios, piletas y clubes de barrio no tienen los recursos de las grandes cadenas y solo dependen de sus ingresos mensuales, pero atienden con inserción y empatía comunitaria de las personas que realizan actividades físicas y recreativas a puertas cerradas. “Sin algún plan para el día después los clubes de barrio podrían desaparecer”, finaliza Olivos.

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